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Seguridad

Sexting: entre el placer y el peligro de ser violentadas

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Se conoce como sexting a la práctica de compartir voluntariamente contenido de índole sexual a través de tecnologías digitales. El sexting en sí, no tiene nada de malo, ya que se trata de un acto genuino y entre pares donde no media ningún tipo de engaño ni manipulación. En el libro Sexteame, amor y sexo en la era de las mujeres deseantes, la periodista argentina especializada en género, Luciana Peker, explica que la práctica no es mala ni peligrosa si es consentida, respetada y disfrutada. Sin embargo, debemos tener en cuenta que como toda práctica realizada en el espacio público (¡Internet lo es!), tiene sus riesgos. En este caso, una de las posibles consecuencias negativas o no deseadas es la difusión no consentida de esos materiales íntimos. Es decir, cuando alguna de las partes rompe el “pacto” de intimidad y difunde esas imágenes, videos, audios y/o conversaciones privadas con otras personas y sin autorización de la otra parte involucrada a través de cualquier soporte o entorno digital (redes sociales, servicios de mensajería y todo medio social digital en el que se pueda compartir información).

El sexting no tiene género. Lo practican tanto mujeres como varones, sin embargo las víctimas de la difusión de imágenes o contenido íntimo sin consentimiento suelen ser mujeres y chicas. Esto no es azaroso ni casual. Se trata de un tipo de violencia de género digital que reproduce y refuerza la posición de poder del varón sobre la mujer y su capacidad de violentarla, exponerla y vulnerar sus derechos de privacidad e imagen.

Lo que conocemos como violencia género digital no es más que una extensión del machismo histórico en el que las chicas y las mujeres vivimos. Lo novedoso es que ahora también se da a través de las tecnologías y en espacios digitales. Este tipo de violencia presenta un carácter fuertemente sexual y ataca sobre todo a los cuerpos y la vida íntima de las identidades feminizadas provocando una exposición no deseada, humillación y hostigamiento.

Los medios masivos de comunicación suelen tratar y titular estos hechos como “porno venganza”, pero en realidad, estas prácticas nada tienen de pornográfico ni de vengativo. Hablar de porno venganza es estigmatizar y volver a poner la mirada y la culpa sobre quien sufre, sobre la víctima. En realidad, por lo general, se trata de varones machistas que difunden imágenes o videos íntimos de sus ex parejas o de mujeres, con el fin de exponerlas y generarles un daño público.

La Ley Nacional N°26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, considera a las violencias por razones de género como “toda conducta, por acción u omisión, que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como privado, basada en una relación desigual de poder, afecte la vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica, participación política, como así también de seguridad personal de las mujeres”. Dicha ley amplía los sentidos en relación al reconocimiento de los distintos espacios donde se cristalizan los diferentes tipos de violencias y nos habilita el abordaje de la violencia de género digital.

Internet no es un espacio neutro. Las desigualdades históricas, culturales, sociales y de género se encuentran también en el espacio digital y por eso es importante discutir, debatir y accionar sobre qué tipo de Internet queremos construir y habitar desde la enseñanza de Ciudadanía digital con el abordaje de la Educación Sexual Integral.

 

Autor: Natalia Corvalán, miembro de Faro Digital.

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