En Dialogando te queremos escuchar. ¿Hay algo sobre el mundo digital que quieras conocer? ¡Escribinos!

Todos los campos son obligatorios*

X

Seguridad

Sextear sí, difundir sin consentimiento no

3 min Tiempo de lectura

Cuando una persona decide explorar su cuerpo y compartir esos momentos de intimidad con otra, puede hacerlo fuera de línea o en línea. El envío de imágenes íntimas a través de plataformas digitales es un derecho individual y una práctica habitual, conocida como sexting. Es lógico que, si el celular es una extensión de nuestra mano, vivamos las sexualidades mediante el uso de la tecnología digital.

Suele pensarse el sexting solo como un hábito adolescente, asociándolo a la iniciación sexual, pero son muchísimas las personas adultas que recurren al espacio virtual para enviar fotos, videos, audios y textos con contenido íntimo. Los entornos digitales permiten acercar distancias y habilitar una comunicación instantánea que fomenta la efectividad de la práctica.

Entender el sexting como una experiencia legítima nos habilita hablar de la exploración con consentimiento y poner el foco en cómo vivirlo de modo seguro. El sexting implica un pacto entre dos personas (a veces pueden ser más, pero es un grupo reducido y limitado) en el que se acuerda respetar la intimidad de quienes participan. Ese acuerdo es posible si hay confianza, si hay decisión, si hay voluntad, si hay libertad y si existen medidas de seguridad que se puedan tomar.

Algunos consejos para el sexting seguro son anonimizar las imágenes (ocultar cualquier marca personal que pueda reconocerse: cara, lunares, tatuajes, objetos), usar contraseñas robustas, tapar la cámara mientras no se esté usando, borrar las imágenes de los dispositivos cuando ya no se estén usando (verificar que no haya quedado copia en la nube). Pero, sobre todo, pensar antes de enviar si queremos compartir esa imagen.

¿Por qué tiene tanta mala prensa el sexting? Porque cuando el pacto se rompe y lo privado se hace público el riesgo de viralización tiene consecuencias fuera de línea y en línea.

Una de las partes puede difundir sin consentimiento o un tercero puede acceder al material y difundirlo. La responsabilidad principal de la difusión es de quien rompe el acuerdo de mantener la privacidad de las imágenes, pero el efecto de viralización introduce otras responsabilidades en quienes participan en la cadena compartiendo, reaccionando a la imagen con un “me gusta” o aprobando la difusión a partir de un comentario sobre la foto o el video.

Pasar de privado a público sin el consentimiento de la persona es exponer su intimidad y vulnerar su identidad. Esto es violento. Es una violencia digital, pero además una violencia de género. La mayoría de las víctimas son mujeres y esto responde a numerosos factores culturales y sociales, entre los que se destaca la sexualización del cuerpo de la mujer. Esto implica un daño directo en la identidad digital de las víctimas con repercusiones concretas en el espacio fuera de línea. Desde la exclusión del espacio digital hasta la discriminación y la revictimización: son muchísimos los riesgos derivados de esta violencia.

Tenemos que promover el respeto y habilitar el diálogo. El sexting decidido y seguro es legítimo. Es fundamental establecer los espacios digitales como parte de la Educación Sexual Integral para hablar acerca de las prácticas virtuales, conocer sus riesgos y para abordar las violencias digitales. Ampliar el enfoque es clave para establecer los límites entre una práctica personal íntima y una acción pública agresiva.

 

Autor: Milagros Schroder, miembro de Faro Digital.

Volver