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Comportamiento

Conocer y comprender la violencia doméstica

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Es Momento de hablar de violencia de género.

Como lo señalan las regulaciones vigentes, tanto en la Argentina como el ámbito internacional, la violencia doméstica es una de las manifestaciones de la violencia hacia a las mujeres que puede expresarse en agresiones físicas, maltrato psicológico y emocional, agresiones sexuales y restricciones a los derechos patrimoniales y la libertad para disponer del dinero.

La violencia doméstica contra las mujeres puede ser ejercida por cualquier persona dentro del grupo familiar: por personas vinculadas en relaciones de parentesco (por consanguinidad o afinidad), o por parejas unidas en matrimonio o parejas de hecho, actuales o pasadas, haya habido o no convivencia. De acuerdo con los datos relevados por la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (OVD), la forma de violencia doméstica más extendida es la que se da en las relaciones de pareja, actuales o pasadas.

En las relaciones de pareja se expresan con fuerza los roles de género desiguales que rigen en nuestra cultura. Los roles de género en la sociedad definen la manera en que se espera que varones y mujeres se comporten: que se vistan, hablen, actúen de acuerdo con el comportamiento esperado del sexo al que pertenecen. Por ejemplo, se espera que las mujeres, desde que son niñas, se vistan de forma femenina, que sean educadas, complacientes y maternales. Por su parte, se espera que los varones, desde que son niños, se muestren fuertes, agresivos, intrépidos, ejerciendo la autoridad. Los roles de género se caracterizan por ser desiguales y jerárquicos, privilegiando aquellas características asociadas a lo masculino (como la fuerza, la autoridad) y restándole valor a aquellas asociadas a lo femenino (la sensibilidad, el cuidado de otras personas). Así, se van moldeando los comportamientos, las acciones y las expectativas de varones y mujeres en los diferentes ámbitos de la vida, como en las familias, en el trabajo, en el espacio público. Dentro de las familias, la desigualdad en la distribución de las tareas de cuidado es un claro ejemplo de cómo operan los roles de género como mandatos culturales que recaen sobre las mujeres. Las responsabilidades de cuidado se refieren a todas aquellas actividades que se realizan en el hogar, y que hacen posible la organización de las familias y el funcionamiento de la sociedad. Las tareas de cuidado responden a las necesidades y demandas materiales (como alimentar a la familia, la limpieza del hogar), pero también a las necesidades afectivas (dar cariño, ayudar a generar la autovaloración, brindar estimulación). Las tareas de cuidado demandan tiempo y esfuerzo, como el trabajo, aunque cuando se hace para la propia familia, es trabajo no remunerado. Estas tareas recaen de una manera desproporcionada sobre las mujeres, ya sea que lo realicen directamente, o que se ocupen de la gestión del cuidado por otras personas (como las empleadas de casas particulares) (1).

Como las mujeres dedican el doble de tiempo que los varones al trabajo de cuidado (aún cuando tengan idénticas responsabilidades), esto limita sus posibilidades de inserción y progreso en el ámbito del empleo. El empleo es el que garantiza el acceso de las mujeres a recursos económicos propios, fundamentales para sostener su autonomía y permitirles mejores condiciones para poder tomar decisiones a lo largo de su vida. Por ese motivo, es tan importante el apoyo que desde el empleo se pueda dar a las mujeres que atraviesan situaciones de violencia doméstica, de modo de facilitar que conserven su lugar de trabajo y, consiguientemente, sus ingresos. La violencia física puede ser la expresión más visible de la violencia doméstica y la que genera indudables señales de alarma. Sin embargo, esta forma de violencia siempre es precedida por otras que parecen más sutiles y menos graves, pero que van cimentando la sensación de desvalorización de las mujeres, minando su autoestima, aislando a la mujer de sus vínculos. Así, cuando llega la violencia física o sexual, muchas veces la mujer cuenta con pocos recursos emocionales y vinculares para hacerle frente.

Si vos o alguien que conocés vive alguna situación de violencia, llamá gratis al 144 o buscá algún centro de atención cercano.

 

Fuente: Informe “LA VIOLENCIA NO ES NEGOCIO” realizado por Ela – Equipo latinoamericano de justicia y género.

Ver informe completo en http://www.ela.org.ar/a2/index.cfm?muestra&codcontenido=2994&plcontampl=43&aplicacion=app187&cnl=15&opc=49

 

(1) Para más información sobre la organización social del cuidado y su impacto en las desigualdades de género y socioeconómicas, ver los materiales en http://elcuidadoenagenda.org.ar

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