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Comportamiento

Ciberbullying: cada testigo puede marcar la diferencia

3 min Tiempo de lectura

Cuando hablamos de bullying o ciberbullying solemos focalizar nuestra atención y abordaje en quienes son víctimas y en quienes están siendo agresivos o agresivas. La mirada se centra en quien la está pasando mal y en quién está hostigado como si fuesen los y las únicas protagonistas. Cómo cuidamos a quien sufre y cómo acompañamos y educamos a quien lastima.

Sin dudas, esta mirada reduccionista de las situaciones de hostigamiento entre niños niñas y adolescentes es en sí misma parte del problema.

Tanto en casos de bullying como de ciberbullying estamos ante escenarios mucho más complejos que no pueden limitarse al binomio víctima/victimario. Debemos ampliar en forma urgente el mapeo de protagonistas: docentes, familias, directivos, empresas, Estado y especialmente, los y las testigos. Todos y todas son parte del problema y deben ser parte de la reparación.

El acompañamiento de las familias, los recursos docentes, los canales de acompañamiento institucional, las herramientas de denuncias y reportes en plataformas digitales, los programas estatales de acompañamiento a las víctimas, etc. son algunas de las formas en que la sociedad puede prevenir y abordar estas temáticas.

Sabemos que en el hostigamiento presencial quienes observan las situaciones violentas juegan un rol central en reforzar esas actitudes mediante el apoyo, la complicidad o la pasividad Sin estos testigos, muchas de las situaciones de bullying no se repetirían ya que quien agrede necesita y busca el reconocimiento de sus pares y se frustra ante la mirada crítica de quienes creen que lo que hace está mal.

¿Y en casos de ciberbullying? Sin duda los entornos digitales vuelven aún más importante el lugar de los y las testigos. Cada like, comentario de apoyo, reenviada o compartida de fotos, videos o posteos de hostigamiento generan un efecto que amplifica enormemente el daño causado.

Por un lado la víctima se siente en mayor soledad y desamparo ante la complicidad de otros y otras, pero sobre todo vive el efecto de la difusión y propagación de los contenidos violentos que recibe. Cada posteo compartido, cada etiqueta o cada like hacen que esos mensajes violentos amplifiquen su alcance, llegando a más y más personas y por ende, magnificando la angustia de la víctima.

Por otro lado, quienes agreden ven en esos likes, compartidas y mensajes de aliento, un signo inequívoco de éxito digital y se sienten impulsados a repetir esas actitudes, en busca de más reconocimiento.

¿Qué pasaría si cada mensaje, imagen, meme o posteo de burla u hostigamiento no tuviese likes, mensajes de apoyo o compartidas? Seguramente quien es víctima sentiría menos angustia y quien agrede percibirá menos apoyo y necesidad de repetir la acción.

Pero redoblemos la apuesta: ¿Y si en lugar de recibir likes, las agresiones recibiesen denuncias o reportes? ¿Cómo se sentiría quien es agredido? ¿Repetiría su accionar quien agrede?

En Internet, como en entornos presenciales, cada uno y cada una puede hacer la diferencia y cortar con el hostigamiento.

En las plataformas digitales una publicación o mensaje puede generar un efecto dominó de propagación sin control, que genere un daño sin límite para la reputación de la víctima. Cada testigo tiene en su poder cortar ese efecto y ayudar a quien la pasa mal.

No alientes ni compartas mensajes violentos, reportalos y apoyá a las víctimas, podés marcar la diferencia.

 

Autora: Lucía Fainboim, Directora de Educación, Faro Digital (Ong para la construcción y promoción de una ciudadanía digital).

 

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