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Comportamiento

Informe sobre Violencia Digital

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Las tecnologías digitales que emergieron hacia finales de los 80 y se popularizaron ya en los inicios del Siglo XXI, han modificado nuestra manera de vivir en el mundo. No es una novedad afirmar que las TIC (Tecnologías de la información y comunicación) han tenido injerencia y determinan los modos actuales de ser en la vida diaria. Nuestras relaciones y vínculos también presentan nuevas formas y dinámicas. Y la violencia, algo que es inherente a las personas, también tiene su correlato en el mundo web.

Según Kids Online Argentina, un estudio realizado por Unicef Argentina, un 24% de los chicos y chicas identifica como situaciones negativas vividas en Internet la generación de imágenes o comentarios violentos o que incitan la violencia, el 20% el bullying o maltrato, el 13% la discriminación, el 5% las cargadas o burlas, el 4% a la difusión de fotos privadas y el 3% a páginas racitas.

La violencia digital existe porque existe una violencia que la precede y con la que se retroalimenta. Esta violencia es vivida a diario en las calles, colegios, trabajos, plazas, clubes, etc. Es razonable y lógico que la violencia tenga su versión digital. Así como la mayoría de las prácticas humanas comenzaron a digitalizarse, las violencias hicieron lo mismo.

Lo que busca este informe, realizado en conjunto por Movistar Argentina y Faro Digital, es comprender qué tienen de propio esas violencias cuando se tornan digitales. Los motivos por los que nacen y se desarrollan, así como también sus características y efectos. El objetivo es contar con información que permita tomar acciones para detectarlas y frenarlas. Esta investigación ha sido creada desde una perspectiva inclusiva e integral. Es por eso que, más allá de los marcos teóricos, metodología e hipótesis planteada, los jóvenes se encuentran en el centro del proceso.

Los chicos y las chicas son los públicos destinatarios de los mayores esfuerzos de los adultos. Se crean políticas, leyes y programas con el objetivo de poder garantizar el cumplimiento de sus derechos. Pero muchos de estos esfuerzos, presentan una particularidad: no incorporan su voz. Por eso este informe decide tomar otro camino: busca construir conocimiento introduciendo en el mismo las perspectivas, sentimientos y construcciones de sentido de los propios jóvenes. Nada sobre ellos y ellas, sin ellos y ellas.

Para poder analizar la violencia digital, resultó indispensable entonces pensar el fenómeno desde los jóvenes. Este recorte fue hecho a partir de la observación de que son ellos los miembros de las primeras generaciones de usuarios de internet que desde muy pequeños transitan distintas etapas de socialización en espacios digitales y, por lo tanto, pueden naturalizar la violencia digital o incorporarla como parte de su vida cotidiana. Para ellos no hay versiones previas, la violencia puede ser digital o no serlo, como tantas otras situaciones o prácticas diarias. Es por eso que se planificó un dispositivo de taller, con metodologías que propicien su plena participación y entrevistas en profundidad para indagar en su análisis.

Algunos de los hallazgos a los que se llegaron fueron que los estudiantes relacionan, en la gran mayoría de los casos, a la violencia digital con el ciberbullying. Esta asociación surge de los trabajos escolares y familiares de concientización sobre el hostigamiento digital, que les permite conceptualizar estas problemáticas. Por el contrario, los jóvenes presentan grandes dificultades para conceptualizar otro tipo de violencias digitales como tales. Temas como la difusión de imágenes sin permiso o la violencia de género, aparecían como temas de preocupación y de real anclaje en su vida cotidiana, pero no eran percibidas como violencias digitales. Esta falta de asociación tiene que ver con la ausencia de abordajes institucionales, tanto de la escuela como en sus casas.

Es por eso, que surge como indispensable el rol activo de los adultos para generar un debate conceptual y abstracto de temáticas cotidianas para los chicos y las chicas. El mismo, es demandado por los propios jóvenes que necesitan de esa compañía, de manera empática y mediante el diálogo. Quieren ser escuchados, quieren ser comprendidos y necesitan a los adultos para no sentir soledad y poder reflexionar sobre acciones de su vida diaria. Para poder conceptualizarlas en primera instancia, para luego poder identificarlas y crear estrategias para resolverlas. Lo que encuentran en su cotidianeidad es todo lo contrario: subestimación, consejos poco útiles y falta de comprensión de sus problemáticas digitales.

Informe sobre violencia digital.

Autor: Ezequiel Passeron, Director Global de Faro Digital

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