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Comportamiento

¿Cómo trabajar en casa la prevención y acompañamiento en casos de grooming?

3 min Tiempo de lectura

Sabemos que el grooming es el contacto de una persona adulta hacia un niño, niña o adolescente a través de medios digitales con un fin sexual.  El grooming es, seguramente, el mayor riesgo que las familias reconocen en Internet a la hora de pensar en el cuidado de los chicos y las chicas.

En esta nota vamos a pensar cómo se puede acompañar desde casa y lograr  que la prevención del grooming sea parte de la crianza:

  • Identificar en qué momento creemos que se da el inicio digital de los chicos y las chicas y evitar llegar tarde: muchas veces los consejos para la prevención del grooming y otros riesgos en Internet aparecen con la llegada del primer celular propio o el permiso para tener la primera cuenta en una red social. Lo cierto es que los chicos y las chicas tienen actividad en Internet y posibles contactos con personas desconocidas desde mucho antes. Es clave reconocer cuándo comienzan a utilizar entornos donde socializan con otros usuarios para estar cerca y brindar consejos. Por ejemplo: los juegos online suelen aparecer mucho tiempo antes que las redes sociales o el celular propio y son un espacio de mucho intercambio con personas desconocidas.

 

  • Trabajar en la prevención del grooming antes del posible contacto con personas desconocidas. Así como educamos en otras situaciones que requieren cuidados y atención, es importante preparar el terreno para que cuando los chicos y las chicas comienzan a interactuar con otros usuarios tengan incorporados los consejos y alertas necesarios para hacerlo. Por ejemplo: ¿les explicamos qué cuidados deben tener al cruzar la calle el primer día que los dejamos cruzar solos o lo hicimos previamente? Para interiorizar esos consejos, necesitan procesarlos antes.

 

  • Hablar cotidianamente sobre Internet incluyendo los usos positivos. Solemos caer en el lugar común de hablar de lo que pasa en entornos digitales cuando hay un problema. Es importante que las familias encuentren un espacio cotidiano para charlar sobre las experiencias digitales tanto de los chicos y las chicas como de las personas adultas, que incluya lo divertido, lo bueno, lo novedoso como así también lo preocupante o problemático.. Una charla sin juzgamientos que busque volver a las prácticas digitales un tema de crianza sin tabúes.

 

  • Conocer de antemano las plataformas que los chicos y las chicas utilizan. No es necesario abrir una cuenta en cada una, pero sí identificar mínimamente qué interacciones con otros usuarios tienen, qué tipo de herramientas de privacidad existen y qué mecanismos de bloqueo o reporte están disponibles. Por ejemplo: es común que las familias no sepan que en casi todos los juegos online se puede jugar y chatear con extraños. Es importante conocer este dato para que cuando quienes juegan son muy pequeños, se deshabilite el chat y así impedir el intercambio privado con desconocidos.

 

  • Educar con el ejemplo. Es clave pedir permiso para tomarles fotos o videos a los chicos y las chicas, respetar su consentimiento y avisarles si vamos a publicar contenido sobre ellos en redes sociales. De esta forma construiremos, a partir del ejemplo, la noción de cuidado de su imagen para que tengan alertas cuando otra persona no lo haga. Por ejemplo: si en casa inculcamos la idea del permiso, es posible que si otra persona les exige una foto, los chicos y las chicas lo identifiquen como algo invasivo y violento, por fuera de sus prácticas familiares.

 

  • Pensar el cuerpo también en entornos digitales. Cuando hablamos del cuidado por el cuerpo propio y el consentimiento sobre quién puede verlo o tocarlo, debemos pensar también en las representaciones digitales de ese cuerpo. Por eso es importante hablar sobre el consentimiento para enviar o recibir imágenes íntimas así como información privada.

 

  • Dejar asentadas las alertas y situaciones que no se deben gestionar en soledad. Es importante hablar y repasar qué tipo de situaciones deben generar un alerta para pedir ayuda adulta. Muchas veces en Internet  dejamos que chicos y chicas gestionen en soledad situaciones que presencialmente tendrían acompañamiento adulto. Por ejemplo: una persona adulta desconocida se acerca para charlar con un niño o una niña en un espacio público. Es posible que nuestro consejo no sea que lo ignore sino que pida ayuda adulta. En juegos online o redes sociales debemos evitar que, especialmente en la infancia, los chicos o chicas bloqueen desconocidos sin pedir ayuda a adultos de confianza ya que el mensaje es de gestión en soledad de una situación que debe contar con compañía adulta.

 

  • Actualizar los consejos según la edad y los procesos evolutivos de cada chico o chica. Suele ocurrir que las familias están muy presentes en los cuidados digitales durante la infancia mermando el acompañamiento a medida que los chicos y chicas crecen. Es importante comprender que a medida que se ingresa a la pubertad y adolescencia la privacidad cobra un rol relevante y los acompañamientos deben respetar ese mundo privado sin que esto implique menos consejos o cuidados. Repensar las necesidades de las adolescencias con empatía es clave para seguir siendo referentes adultos en entornos digitales. Por ejemplo: es posible que en la infancia no permitamos el contacto con extraños, mientras que en la adolescencia pueda ser esta una práctica legítima y positiva de intercambio. En estos momentos los consejos deben migrar entonces al cuidado sobre los datos que se comparten tanto de ellos como de sus familias.

 

Autora: Lucía Fainboim, Directora de Educación de Faro Digital.

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