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Comportamiento

Uso responsable de las redes sociales

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Realidad y virtualidad se han fusionado de tal manera en nuestras vidas, que resulta esencial observar los comportamientos que se manifiestan en tales ámbitos. Aunque confundidos, no comparten iguales códigos ni efectos en nuestros vínculos. En especial, se ha tornado dificultoso advertir con nitidez el límite que separa lo público de lo privado.

¿Qué implicaría entonces el uso responsable de las redes sociales en Internet? Entendiendo que el problema no es la herramienta en sí misma, sino en el vehículo de qué clase de mensaje se puede convertir.

Diversas manifestaciones pueden presentarse en ocasión de navegar el mundo virtual. Es una zona de encuentro, de aprendizaje y de toma de contacto con lo que sucede a nuestro alrededor y nos determina. Sin embargo, pueden presentarse también situaciones peligrosas de difícil control y prevención, como las variantes del acoso. En general, los usuarios muestran en Internet las mismas características de comportamiento que en la vida off line. Pero, dado que es posible el anonimato, pueden relacionarse con perfiles falsos desorientando a sabiendas a aquéllos con quienes se comunican.

Muchas veces, pueden notarse cambios de comportamiento de los agredidos, que, en el caso de ser menores, lo expresan en el rendimiento escolar o en la relación con sus pares.

Es importante entonces, tener en cuenta algunas sugerencias que pueden paliar las consecuencias del uso pernicioso y violento de las redes sociales. Es fundamental, en primer lugar, ponderar el problema en su justa medida, sin minimizar ni dramatizar, no controlar en forma desautorizada a las posibles víctimas, para no decepcionarlas y volverlas más reservadas, conversar mucho sobre qué tipo de información brindar o no en Internet, alentar a perder la vergüenza para cortar dinámicas de manipulación, compartir los datos con personas de confianza, desalentar la venganza cometiendo iguales faltas, asesorarse con organismos del Estado y de las sociedad civil expertos en la cuestión, e insistir en la protección del derecho a la privacidad.

Fomentar el diálogo y la creación de espacios de reflexión, genera la oportunidad de tomar conciencia, adquirir una aptitud empática y prevenir futuros actos agraviantes.

Implica recuperar el contacto con el otro real dándole ocasión a las transformaciones positivas y a la construcción de entramados de contención.

Estar atentos a estas prácticas e intervenir sobre ellas desnaturalizándolas, eleva la calidad democrática de nuestra sociedad.

 

Autor: Dra. Marisa Braylan, Directora Centro de Estudios Sociales. DAIA.

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